Hacerse mayor

Publicado: 17/05/2021
Autor

Federico Pérez

Federico Pérez vuelca su vida en luchar contra la drogadicción en la asociación Arrabales, editar libros a través de Pábilo y mil cosas

Matrícula de deshonor

Un cajón de sastre en el que hay cabida para todo, reflexiones sobre la sociedad, sobre los problemas de Huelva, sobre el carnaval...

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Hacerse mayor es un hecho inevitable que debemos asumir desde que comenzamos a tener uso de razón
Hacerse mayor es un hecho inevitable que debemos asumir desde que comenzamos a tener uso de razón. Cierto es que no logramos tomar conciencia de ello hasta años más tarde, cuando nuestro propio cuerpo comienza a expresarse a través de etapas fisiológicas que nos dan de bruces con una realidad que no todos aceptamos y que marcará nuestra forma de vivir.

Hablar de los cambios visibles sería absurdo, son más que conocidos, pero cabe destacar que a pesar de que las etapas evolutivas están bien definidas, cada uno de nosotros estamos condicionados por nuestra propia genética y los diferentes comportamientos a los que nos sometemos en el día a día, de ahí que sea necesario cuidar el envoltorio con el que nos vestimos, que por mucho que intentemos remendarlo, seguirán siendo parches que no evitarán el habitual desgaste. Hacerse mayor en estos tiempos y en esta sociedad es todo un privilegio, y no siempre apreciamos este valor añadido que debería servirnos de motivación para afrontar los distintos estadios por los que pasaremos.

Pero tendemos a querer engañar al tiempo y negar lo evidente, esperando con ello fintar esa premisa con la que partimos el primer día de nacimiento. Lo verdaderamente incomprensible de esta efímera existencia es la poca importancia que le damos a este hecho, y perdemos mucho tiempo en negarlo, rechazarlo o evitarlo, cuando debería ser parte esencial de nuestros días. La vida que conocemos es lo que tenemos y mientras la ciencia no diga lo contrario, estamos abocados a un feliz final que dependerá en gran medida de nuestra forma de entenderla. Perdemos tanto tiempo en batallas perdidas que dejamos de vivir el momento, de disfrutarlo, de apreciar esos cambios tanto en nosotros mismos como en los que nos rodean. Hacerse mayor es adaptarse, es ser consecuente y es saber disfrutar de ese privilegio de vivir. Hacerse mayor es un triunfo y el mayor regalo que tiene la propia vida.

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